
*
En Madrid la gente duerme poco: las caras que se ven por los transportes públicos de esta ciudad a primera hora inspiran una ternura maternal intensísima. Incluso cuando uno duerme el número suficiente de horas -en relación a sus necesidades personales- y sale de la cama de un brinco le invade una cierta modorra al entrar en el vagón y verse rodeado de tanto bostezo, de todas estas caras largas por las cuales uno siente una verdadera lástima.
También parece inevitable pensar en las horas a las que estos ciudadanos, tan dormidos a primera hora, terminan de desperezarse. La productividad de estos trabajadores no debe ser la óptima.
Yo le pediría a los madrileños que descansasen más y mejor.
*
2 comentarios:
Un año, nueve meses y veintidós días uno detrás de otro.
Qué distinto es este ahora de aquel entonces, y qué empedrado fue el camino hasta llegar hasta aquí, hasta volver a saber lo que queda por venir.
Muchas gracias y muchas felicidades.
Un abrazo grande,
R.
Gracias por seguir regalándonos tus impresiones certeras, J.
Desde donde esté, es un placer leer que los días van pasando, y que sigues bien.
Un abrazo,
I.
Publicar un comentario